En 2025, la economía peruana creció 3.4% en términos reales, consolidando una recuperación gradual tras varios años marcados por pandemia, incertidumbre política y menor inversión. Sin embargo, entender la economía no consiste solo en mirar el número final: la calidad del crecimiento importa tanto como su magnitud.
Los gráficos muestran que el desempeño económico reciente del país revela señales mixtas sobre la sostenibilidad de esta expansión.
El motor principal vuelve a ser la inversión
El dato más alentador es el fuerte crecimiento de la inversión, que avanzó más de 14% interanual en 2025.
La inversión es clave porque no solo impulsa la actividad en el corto plazo, sino que también determina la capacidad productiva futura del país: infraestructura, maquinaria, tecnología y nuevos proyectos generan empleo hoy y productividad mañana.
Tras años de cautela empresarial, este repunte sugiere una mejora en expectativas y condiciones financieras. Si se consolida, podría convertirse en el principal sostén del ciclo económico peruano en los próximos años.
El consumo crece, pero sin euforia
El consumo privado mantiene un crecimiento moderado cercano al 3–4%. Esto refleja un mercado laboral que se estabiliza y una inflación que dejó de presionar fuertemente los ingresos reales.
Sin embargo, no se observa un boom de gasto de los hogares. En términos macroeconómicos, el consumo está cumpliendo su rol de estabilizador, no de acelerador.
Esto es positivo para la sostenibilidad: las expansiones basadas exclusivamente en consumo suelen ser más frágiles que aquellas apoyadas en inversión y productividad.
El sector externo aporta… con matices
Las exportaciones volvieron a crecer y contribuyen al dinamismo económico, apoyadas en mejores términos de intercambio y la recuperación de algunos sectores productivos.
No obstante, el fuerte aumento de las importaciones refleja que la demanda interna también se está abasteciendo del exterior. Desde la perspectiva del PBI, esto reduce el aporte neto del sector externo al crecimiento.
En otras palabras: el comercio exterior se reactiva, pero no necesariamente impulsa el producto en la misma magnitud.
El gasto público pierde protagonismo
El gasto del gobierno muestra un impacto limitado en el crecimiento reciente. Esto contrasta con los años posteriores a la pandemia, cuando el sector público fue un soporte importante de la actividad.
Hoy, el impulso fiscal es prácticamente neutro. Desde una óptica macroeconómica, esto puede interpretarse de dos maneras:
- Como señal de prudencia fiscal y consolidación de cuentas públicas
- O como evidencia de una menor capacidad del Estado para dinamizar la economía
La interpretación dependerá del contexto fiscal y de la ejecución futura del gasto en inversión pública.
De rebote post-pandemia a crecimiento más estructural
Al observar la evolución desde 2021, se distingue una transición clara.
El crecimiento inicial respondió al rebote tras la pandemia y al estímulo macroeconómico. Con el tiempo, la economía ha ido desplazándose hacia un patrón donde la inversión vuelve a ocupar un rol central.
Este cambio es importante porque define la sostenibilidad del ciclo. Las economías que crecen apoyadas en inversión tienden a generar expansiones más duraderas y menos volátiles.
Mirando hacia adelante
El dato de crecimiento por sí solo no responde la pregunta clave para inversionistas, empresas y responsables de política económica:
¿De dónde proviene el crecimiento y qué tan sostenible es?
Si la inversión se mantiene dinámica y el consumo continúa estable, Perú podría entrar en una fase de expansión más sólida. Pero si estos motores pierden fuerza, el crecimiento podría volver a depender de factores transitorios.
Más que preguntarnos cuánto crece la economía, el desafío es entender qué tan saludable es su estructura de crecimiento.
Fuente: Banco Central de Reserva del Perú